Cuando una empresa inicia un proyecto de uniformes, uno de los mayores temores es que, al momento de la entrega, aparezcan cambios de talla, reposiciones o colaboradores que simplemente no pueden usar la prenda que recibieron.
Es una situación mucho más común de lo que parece y ocurre tanto en empresas pequeñas como en organizaciones con cientos o miles de colaboradores.
Después de muchos años realizando procesos de tallaje, en Cotton Country hemos llegado a una conclusión:
El problema rara vez está en la confección de la prenda. El problema casi siempre está en el proceso de tallaje.
El primer mito: las tallas existen
Todos estamos acostumbrados a decir "yo soy talla M" o "uso talla L".
Sin embargo, desde un punto de vista técnico, las tallas no existen como un estándar universal.
Lo que realmente existe son tablas de medidas desarrolladas por cada fabricante.
Estas tablas pueden variar según:
La marca.
El público objetivo.
El tipo de prenda.
El corte (clásico, slim, oversize, etc.).
La colección.
El mercado para el que fue diseñada.
Por eso una misma persona puede utilizar talla M en una marca y talla L en otra, sin haber cambiado un solo centímetro de sus medidas corporales.
El caso peruano hace el reto aún mayor
En el Perú convivimos con una enorme diversidad de biotipos producto de nuestra mezcla cultural y racial.
No es extraño encontrar personas de la misma estatura con contexturas completamente distintas, o colaboradores que utilizan la misma talla en el torso pero requieren una talla diferente en pantalón o casaca.
Esa diversidad hace que los procesos de tallaje para uniformes corporativos sean mucho más complejos que en mercados con poblaciones más homogéneas.
Por eso resulta tan difícil hablar de una supuesta "talla peruana" que pueda aplicarse a todos.
(Próximamente profundizaremos este tema en nuestro artículo: ¿Existe realmente una talla peruana?)
¿Las tallas completas solucionan el problema?
Es frecuente escuchar que un proveedor ofrece "tallas completas" como si eso resolviera automáticamente el proceso de tallaje.
Desde nuestra experiencia, las tallas completas amplían las alternativas disponibles, pero no solucionan el problema de fondo.
Si deseas conocer más sobre este tema, puedes leer nuestro artículo ¿Qué significa trabajar con tallas completas?, donde analizamos por qué este concepto suele utilizarse como argumento comercial y cuáles son sus verdaderas limitaciones.
El verdadero desafío no consiste en ofrecer más tallas.
Consiste en asignar correctamente la prenda adecuada a cada colaborador.
¿Cada colaborador conoce realmente su talla?
Muchas empresas intentan simplificar el proceso enviando una hoja de Excel o un formulario para que cada colaborador indique la talla que utiliza.
Aunque parece una solución sencilla, en la práctica suele generar muchos errores.
Las personas responden utilizando como referencia una prenda antigua, otra marca o simplemente la talla que recuerdan haber usado años atrás.
Pero si la tabla de medidas cambió, el corte es diferente o el colaborador modificó sus medidas corporales, esa referencia deja de ser confiable.
Por esa razón, salvo que la persona mantenga exactamente las mismas medidas y la prenda pertenezca a la misma colección y tabla de medidas, no existe una forma realmente confiable de asignar una talla sin que el usuario pruebe físicamente la prenda.
La experiencia de Cotton Country
En Cotton Country realizamos procesos de tallaje antes de iniciar la producción precisamente para reducir el riesgo de cambios posteriores.
Sin embargo, incluso siguiendo un procedimiento ordenado, pueden presentarse incidencias.
Y casi nunca están relacionadas con la confección.
Las causas más frecuentes suelen ser:
Colaboradores que no asisten al tallaje.
Personas que envían a un compañero en su lugar.
Usuarios que no siguen las recomendaciones durante la prueba.
Cambios de personal después de concluido el proceso.
Información desactualizada entre Recursos Humanos, Compras y el proveedor.
En otras palabras, el éxito del tallaje depende tanto del procedimiento como del compromiso de todas las personas involucradas.
La tecnología ayuda, pero no reemplaza el proceso
Hoy existen herramientas tecnológicas que permiten organizar mejor la información y hacer más eficiente un proceso de tallaje.
Sin embargo, en el mercado de uniformes corporativos todavía no existe una tecnología que sustituya completamente la validación física del ajuste de una prenda cuando hablamos de proyectos masivos.
La tecnología puede reducir errores administrativos.
Pero el ajuste correcto continúa dependiendo de un proceso bien ejecutado y de una adecuada coordinación entre la empresa, sus colaboradores y el proveedor.
La conclusión
Después de participar en cientos de procesos de tallaje, hemos aprendido que el problema nunca fue la talla.
El verdadero desafío consiste en gestionar correctamente todo el proceso que ocurre antes de iniciar la producción.
Porque un buen tallaje no significa adivinar una talla.
Significa entregar la prenda correcta a la persona correcta, desde la primera vez.
En los siguientes capítulos de esta guía responderemos otras preguntas frecuentes:
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¿Cómo definir correctamente un proyecto de uniformes corporativos?
¿De qué depende el tiempo de entrega de un proyecto de uniformes?

